The Rocky Horror Picture Show (1975)

‘’And crawling on the planet’s face, some insects called the human race. Lost in time and lost in space… and meaning.’’

The Rocky horror Picture show es una película angloestadounidense, considerada parte de los films de culto, dirigida por Jim Sharman, basada en el musical The Rocky Horror Show de Richard O’Brien.   Si bien es cierto que en su estreno no la vio nadie, comenzó a generar fama de culto a partir de 1976 y su pase a las proyecciones nocturnas de los viernes, donde de a poco una multitud de seguidores comenzó a acudir a las salas con disfraces como los de los personajes del film, tararear las canciones durante la proyección, y comenzar convenciones de fans. Esta comedia musical y su tributo al cine B y de ciencia-ficción, su estética glam, kitsch y la música rock, lo gótico y el burlesque son elementos que transforman esta obra de culto junto con las canciones de los Beatles, Brigitte Bardot y las pinturas de Andy Warhol como las más grandes referencias de la cultura pop del siglo XX, y su influencia continúa en el siglo XXI.

Trata sobre una pareja recién comprometida, Brad Majors (Barry Bostwick) y Janet Weiss (Susan Sarandon), que deciden buscar a su viejo amigo y antiguo profesor, el Dr. Everett V. Scott.

 

En el transcurso del viaje, siendo noche lluviosa, el automóvil se avería en medio de la carretera, por lo que deciden pedir ayuda en un castillo que habían visto en el camino. Los recibe el mayordomo Riff Raff (Richard O’Brien) junto con su hermana Magenta (Patricia Quinn), ambos son vampiros del planeta Transexual en la galaxia de Transilvania, y una groupie, Columbia (Nell Campbell).

Afortunadamente no eran los únicos invitados, puesto que en el castillo se estaba celebrando La convención Anual Transilvana, justo a tiempo para conocer al anfitrión de este icónico film.

Dr. Frank N Furter (Tim Curry) también proveniente del planeta Transexual, un exótico científico travesti, aprovecha la celebración para llevar a todos los invitados a su laboratorio y mostrarles su más reciente y espectacular creación, hecho con el propósito de saciar sus deseos llamado Rocky Horror (Peter Hinwood), un chico rubio y musculoso; un hombre perfecto cuyo «medio» cerebro pertenece a un delincuente juvenil.

La película empieza a hacerse más interesante desde este punto, ya que todos los espectadores de este acontecimiento empiezan a ser partícipes del drama que te hará reír, bailar e inclusive llorar.

Durante la cinta se reconocen temas que para el año de los setentas aún eran vistos como tabúes, como la identidad de género, las orientaciones sexuales y la liberación sexual. Nos enseña la ideología de la fluidez de los géneros: masculino, femenino (entre otros) y con ello la importancia de no tener miedo de nuestras identidades y formas de expresar; que un hombre puede ser femenino y una mujer puede ser masculina. Representa el propósito de esas épocas en romper todo estereotipo que el cine y los medios les había obligado a reprimirse ante sus instintos y sentimientos.

A pesar de ser una película de los setenta, no deja de ser muy parecido a la realidad actual en el dos mil.

Aún existen luchas contra situaciones sociales y políticas que han permanecido durante todos estos años, nos enseña que existen monstruos en este mundo y no necesariamente son aquellos que podremos percibir a simple vista, que necesitamos personas en el mundo que se atrevan a ser lo que aspiran ser, que pagamos el precio por las acciones de otras personas  porque al final solo somos simples seres ‘’arrastrándonos’’ por el mundo con nuestra existencia, como en la última escena (lo cual para mí es de las mejores). Indudablemente, permanecerá por mucho tiempo como un legado no solo del cine, si no en la historia.

 

Artículo escrito por Ashley Álvarez

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